Nadie me cree cuando digo que no me gusta la playa. De entrada, siempre he preferido la montaña a la playa y si hay que ir a la costa, me agrada más la comodidad de la piscina.
Por eso tienen mucho más valor mis palabras, cuando hablo de mi querido paraíso, mi añorada Fuerteventura.
Porque sus agrestes paisajes, su interior desértico y sus sedosas arenas blancas, lamidas por esa mar turquesa, me hacen sentir que el tiempo no pasa. Ese tiempo omnipresente buscaba un remanso de paz, como yo, y lo encontró en aquel paraje de inmensa belleza.
La playa no es playa en Fuerteventura. Se convierte en una nueva identidad, en algo superlativo y sublime que necesita una definición que nuestro lenguaje aún no posee.
Chris Rea lanza un canto optimista a la playa con su On the beach. Quizás es su tema más conocido, del que ha hecho varias versiones. La primera de todas es la que he escogido, porque pienso que su playa es la mía. Un soñador como yo, no puede evitar cuando oye sus notas, que mi mente y mis sentidos se trasladen a mi querido rincón del Atlántico, donde he disfrutado de tan buenos instantes de felicidad. Su música me hace sonreir porque me traen de nuevo los momentos que he vivido y compartido con mi isla. Y a la vez me siembran esa amarga añoranza por no poder pisar su arena.
Fuerteventura es una amante fiel, puntual, que siempre te espera, con su reconfortante e imperecedera belleza. Y cada día sueño, cada día que en el aire se escucha ese On the beach, con volver, y que el aroma majorero que tanto amo, impregne de nuevo mi alma.
