lunes, 5 de febrero de 2018

Deliverance















Todo el mundo se mueve en pasos cortos, llenos de nervios, inexplicables, con pequeñas bromas y sonrisas, porque siempre pasa lo mismo.
La gente está esperando en la última planta, desde donde se divisa toda la ciudad. Es de noche y es una lástima, porque la luz del salón impide ver las magníficas vistas del exterior.

Poco a poco van entrando todos los invitados y se van colocando en cada uno de los asientos dispuestos para tal fin.

Abajo, el padre de la novia bromea con su hija y le tienta con cogerla del brazo, de quien por cierto no se ha soltado desde hace un rato, no presentarse arriba y huir lejos de allí. Ella le empuja hacia el ascensor. No querría perderse su boda por nada del mundo.

Suben todos los pisos y ella nota cómo se le acelera el pulso. Va a dar un paso muy importante. Es feliz y quiere seguir siéndolo siempre.

Se abren las puertas, como si fuera un escenario que se muestra al correrse el telón. Todo el mundo se gira y quedan asombrados con ella. Está preciosa.

Suena un tema de Vangelis, ese compositor griego que siempre ha vivido en el Olimpo de los grandes creadores. Nadie oye Deliverance, o tal vez sí, pero mezclado con la imagen en movimiento de ella, acercándose por el pasillo hasta su futuro marido, que impaciente la espera al final del salón.

La novia aparece al son de la música, que se desvanece cuando llega al final. Él la toma de la mano y le da un beso. No dejan de mirarse, mientras sus dedos juguetean, entrelazados unos con los del otro. No pueden evitar sonreír todo el rato.

Lourdes es muy feliz porque empieza una nueva vida con él. 
Mel está a punto de llorar. Siempre supo que aunque ella hubiera estado en la mismísima Antártida, algún día la acabaría encontrando y entonces por fin, estarían juntos para siempre.



lunes, 26 de enero de 2015

Stop Baby


Muchas veces en la vida es más difícil decir que no, que decir sí. Y todavía lo es mucho más, el decir "basta".
No es sencillo poner punto final y mucho menos cuando se ha convertido en una costumbre, en una forma de vivir, en un sueño incumplido, o en un infierno. Me costó mucho resignarme a aceptar que nunca podría llegar a ser controlador aéreo. Fue muy duro, pero desde el día que dije ¡se acabó!, fui otro. No he vuelto a sufrir por ello ni a sentir el frío acero de la frustración que se te introduce en el pecho.

Ese "hasta aquí", a veces da sensación de vértigo, miedo a lo desconocido, tanto, que a veces te atenaza y te convierte en un cobarde. Pero es una decisión, como todas las importantes, que no puedes delegar en nadie, ni muchísimo menos culpar a los demás si acabas equivocándote.
La necesidad del cambio, siempre la he vivido como un pinzamiento en el estómago, como una línea fronteriza; una sensación especial que siento cuando la traspaso. Y cuando doy el paso, sé con certeza que es un punto sin retorno.

Tengo un himno particular de las épocas que se cierran y de las etapas de mi vida que se terminan. Es una canción de uno de mis grupos favoritos: Mike & The Mechanics.
Recuerdo escuchar en algún momento, con gran intensidad Stop Baby, justo cuando había algo importante que se acababa, que cambiaba, que concluía para siempre.
 
Los cambios, son como el mar y como tantas y tantas cosas, a las que no se tienen que temer, aunque se han de mirar con un cierto recelo. Un día escuché que el cambio es sobretodo una oportunidad, una puerta nueva que abrimos a lo ignorado y quiero creer que es así. Que no es más que una habitación desconocida en la que entramos, cuyo contenido visto desde fuera, tan sólo se puede intuir.
Ese conocido pellizquito lo he vuelto a sentir. Y ese otro yo, que te hace que pidas perdón y se enfrenta a tu orgullo, ése que muchas veces te dice cosas que no quieres escuchar, pero que sabes que tiene la razón, ése que está muy dentro y que te hace sacar lo mejor de ti, ha vuelto a aparecer. Me dice: Mel, vete de ahí... ¿no te das cuenta de que en este lugar ya no vas a ser feliz nunca más?
Y tiene razón una vez más. Hay vida más allá. Seguro que habrá otro lugar, otro trabajo donde me quieran, donde sepan ver lo que valgo. Y ya lo he decidido. Busco Stop Baby en mi Ipod, me conecto los auriculares y le doy a play. Ya empieza a sonar... Esto no tiene vuelta atrás. Me voy. Adiós.




lunes, 22 de septiembre de 2014

You

El loto azul — Tintin.com

Esta noche tengo que confesarte algo. Cuando te conocí, ya llevaba años soñando contigo. Muchos, no sé cuántos. Probablemente si hicera un poco de memoria, creo que podría ser cuando tenía veintipocos. Pocos visto desde ahora, pero muchos cuando los tenía.
 
Apenas sabía de la vida, aunque me creía experto en todo y el mejor permitiéndome dar consejos a los demás sobre amores verdaderos y fantásticas soluciones. No sabía en realidad gran cosa de nada, pero cuando vi por vez primera en la televisión el vídeo del grupo austriaco Ten Sharp, fue cuando te vi aparecer.
Te reconocí de inmediato en una de esas chicas que disfruta de su juventud, de su belleza y de su amor, en un verano inigualable, disfrutando de risas, viajes en deportivo descapotable, chapuzones y paseos en lancha motora en cualquier lago del centro de Europa.
Vi a esos jóvenes y te vi a ti. Sabía que estabas por alguna parte.
Te busqué y te busqué. En cada coche que pasaba, en cada ruido de pasos de tacones a mis espaldas, en cada fiesta, en cada rincón de mi isla. Intenté encontrarte donde no estabas y me equivoqué mucho. No daba contigo, pero nunca perdí la fe.
 
Y un día te vi entrar en aquel bar de Madrid y el tiempo y mi mundo se detuvieron. Y un instante antes de que dijeras nada, antes incluso de que tu mirada me mirara por vez primera, te vi y supe sin dudarlo, que ella eras tú.


miércoles, 30 de julio de 2014

A Este Lado de la Carretera

 
La verdad es que nunca he sido gran amante de la música española. Me debe venir de raíces maternas. Ella fue una chica ye-yé de los sesenta que sólo oía música en inglés y yo sin querer, creo que la imi´té en los ochenta, cuya movida pasó por mi vida sin pena ni gloria.
 
Pero siempre hay una excepción (o varias), que acaban confirmando la regla.
Por aquella época de los ochenta, en plena adolescencia y como es lo que le corresponde a dicha edad, fue época de cambios hormonales y de cambios de educación. Pasar a bachillerato, a un instituto nuevo fue toda una nueva etapa en mi vida. Una etapa muy bonita, que probablemente por llevar apareada una sobrecarga hormonal hizo que sobre este terreno fértil, apareciera nuevamente un nuevo amor que me tendría la cabeza ocupada. Amor, que como buen pagafantas, sería por supuesto, platónico. Faltaría más...
 
Por ponerle un nombre, llamemos a ese prototipo de mujer, objetivo de mis deseos, "La Proto", para abreviar y de alguna manera, mantener el anonimato.
Aquí me tienen ustedes desde el primer día que la vi en 1º de BUP, sin dejar de pensar durante todos los cursos y en sus largas ausencias de verano.
Yo tenía bien claro que La Proto era para mí y que nadie me la arrebataría. Lo supe desde el primer día que entramos en aquella clase, miré hacia arriba y vi a una mujer inacabable. Sólo había que esperar el momento adecuado. De momento, en el primer año de instituto quizás sería demasiado pronto, teniendo en cuenta que medía 20cm más que yo y creo que aún no me había afeitado por primera vez. Así que con gran sabiduría decidí que lo mejor sería esperar al año siguiente. No había que correr y mejor tomarse las cosas con calma. Las cosas importantes llevan su tiempo, debí pensar...
En 2º de BUP las diferencias se fueron estrechando. La distancia que tenía que crecer era menor; ya me afeitaba de vez en cuando, pero pensé, con gran acierto, que si me apresuraba, obtendría un no como respuesta, así que tras darle vueltas, creí más oportuno esperar un año más. De momento no me constaba que estuviera saliendo con nadie, clara señal de que aunque no me lo había dicho, me estaba esperando. Estaba claro que el éxito estaba asegurado.
Tercero de BUP fue un año importante. Académicamente, claro. Ese año tuve que orientar mi futuro hacia las Letras o las Ciencias. Opté por las segundas y ¡Oh, sorpresa! La Proto también. Así que estuvimos todo un curso juntos, en las mismas clases, compartiendo apuntes... Estaba lanzado. El momento del triunfo se acercaba inexorablemente. Pero sin que lo esperara, llegó ese final de curso inesperado y alguien tan decidido como yo, vi claro que si había estado esperanso tres años, ¡qué mejor momento para iniciar el ataque, que recién llegado del verano, moreno, alto y con las ideas claras acerca de cuáles son las frases perfectas para conquistar a la chica de tus sueños...!
Y llegó el laaaargo verano de 3º a COU en el que tanto eché de menos a La Proto. Último verano, sin duda, que pasaría sin ella. Ya todo estaba a punto. Había crecido, la había superado y ya era más alto que ella.
Y comenzó mi último año de instituto. Año que debía ser histórico, porque recibiría el premio de la victoria de una batalla estratégica, magistralmente planteada durante casi cuatro años. Más laborioso que el desembarco de Normandía.
Pasaron las primeras semanas del curso hablando mucho de muchas cosas. Así me empapé de la música que le gustaba, del cine que veía, de lo enamorada que estaba de Tom Cruise y de su gran enfado cuando se casó con Mimi Rogers, "La vieja esa", como decía La Proto...
 
Ya tenía suficiente información del departamento de inteligencia, como para plantear un ataque con los tres ejércitos. La fecha estaba decidida: después de Carnavales.
Llegaron esas famosas fiestas de mi tierra y La Proto como en un regalo de Navidad adelantado, llegó a clase con una sonrisa que nadie le había visto nunca y con una noticia que sus amigas jalearon con alegría, pero que yo nunca entendí. La Proto tenía novio.
Pero no un novio cualquiera, no... Un muchacho imberbe, imbécil, de la clase de Letras, amante de U2 (he ahí mi odio por ese grupo desde entonces), y encima más bajito que ella. ¿Para eso he estado creciendo todos estos años? (pensé).
 
Y tal como llegó, La Proto, que nunca fue mía, se fue sin serlo. Sólo lo había sido en mis deseos, en mis castillos en el aire y en mis pensamientos.
Estuve muy triste unas semanas. Enfadado conmigo mismo pensando lo tonto que había sido, por ser tan tímido y tan indeciso. Estuve apesadumbrado hasta que una mañana, antes de levantarme e ir al instituto, puse la radio y escuché una canción muy alegre, que me hizo ver que el mundo está lleno de Protos, pero que sólo hay un Mel.
 
Esa canción, española, como las que le gustaban a La Proto, me recuerda al resurgir de mis cenizas, pero con el paso de los años la he hecho mía y ha dejado de ser un recuerdo de ella.
Tal vez no sea la canción más conocida de Danza Invisible, al que todo el mundo asocia con la empalagosa Sabor de Amor,  y que siempre he considerado una buena sintonía para un anuncio de yogur con frutas troceadas. Tal vez no, pero mi favorita es esa versión de Bright Side of the Road de Van Morrison que cantan los malagueños de Danza Invisible y que ellos llaman A Este Lado de la Carretera.
 
A Este Lado de la Carretera ha sufrido una conversión en mi vida. Ahora lejos de recordar mis tiempos de gran seductor del Instituto, me hacen pensar en mis maravillosos veranos en Málaga. En la Málaga de los espetos, de la Feria, del Cartojal, pero sobretodo en la Málaga de la buena gente. Esta canción es el destino, el trayecto y el origen de cada viaje que hago cada verano, buscando el paraíso del Sur. En la larga carretera que me lleva a mi querida ciudad de Málaga tengo al otro lado unos parientes que son mi familia porque siempre me han hecho sentir y unos amigos que cuando estoy por allí, me hacen ver que aquél no es el otro, sino este lado de la carretera.
 
 


martes, 17 de junio de 2014

Put Your Head On My Shoulder

 

Pon tu cabeza en mi hombro, cógeme en tus brazos, estrújame fuerte, que pueda sentir que tú también me quieres.
Pon tu cabeza en mi hombro, susúrrame al oído cosas que quiero escuchar.
Dime; dime que tú también me quieres.
 
La música que Paul Anka compuso con diecisiete años en aquel lejano 1958 suena en nuestro salón mientras bailamos abrazados. Te sostengo y disfruto más que tú, que ríes mientras te doy vueltas.
Continuamos girando y te sorprendo con cada giro inesperado en el sentido contrario de como nos movíamos. Tú ríes a borbotones y en tus mejillas se te hacen esos hoyuelos que tanto me gustan.
 
Me miras y te miro, me muevo y nos movemos. Eres mi perfecta pareja de baile.
Cualquiera que presencie la escena, puede imaginar sin esfuerzo al vernos, que llevamos juntos toda la vida.
Seguimos bailando y deseo que la música no se acabe, que sigan sonando las notas que nos mantienen moviendo. Que no llegue nunca el final y que sigas sintiendo que soy el hombre de tu vida. 
No lo dejes, sigue riendo y apoya tu cabeza en este hombro que siempre tendrás para ti, para reir, para abrazarte, para sentirte reconfortada y protegida cuando seas muy feliz o para te sientas que tu pequeño mundo se ha desmoronado y se ha venido abajo. Un día que no podrás evitar, estarás tan triste que no podrás contener tus lágrimas, pero tendrás este hombro para estrujarte fuerte y a mí para decirte que todo quedará atrás y que volverás a ser feliz de nuevo. Y aunque pasen los años y vengan otros y otras canciones, Clara, no dejes jamás de pensar que para tu padre siempre serás su pareja favorita de baile.
 


miércoles, 5 de febrero de 2014

Everybody Hurts

 

No son diez años, pero casi.
Casi diez años de aquel día en que confirmamos ante toda nuestra familia y amigos, que habíamos decidido unir nuestras vidas y empezar un nuevo camino juntos.
Fue un precioso día de febrero; tal día como hoy.

Mi opinión, como es obvio, no cuenta, pero he oído decir a alguien que aquélla "era la boda más bonita a la que habían ido..."

Del día de mi boda he hablado en alguna ocasión y de cómo iniciamos el baile.
Muchas veces es fácil elegir la primera canción. La segunda no lo es tanto. No sé cómo lo decidimos, pero la siguiente que elegimos para continuar bailando, fue este tema de la banda estadounidense REM, de la época en la que estaba en su mayor apogeo, cuando sus temas se convertían en una auténtica religión.

Nos gustaba mucho cómo sonaba Everybody Hurts, al ser una balada lenta, cadenciosa,  y tan larga, que te permite tener entre tus brazos a la más preciosa mujer y fácilmente proyectarte esa primera noche, a lo que sería una idea aproximada a estar junto a ella el resto de tu vida.

Aunque los integrantes de REM dicen que su intención inicial fue componer una canción para adolescentes, la realidad es bien otra. Según una encuesta de la PRS for Music, la Asociación de compositores del Reino Unido, Everybody Hurts afirmaba que es la obra musical que más hace llorar a los hombres.
La definían como "una obra lacrimosa que define la sensación de frustración y pena que a los hombres les resulta difícil describir y a su vez les da una leve idea de solución al conflicto. Por eso ha superado a otras grandes obras como "Tears in heaven" de Eric Clapton, logrando robar una lágrima incluso a los hombres más fuertes(...)".

Yo no puedo decir lo mismo. Lou estaba entre mis brazos y como jamás me había pasado antes, notaba unas incómodas molestias en las mejillas, que ya me dolían por haber estado sonriendo todo aquel día. Tenía agujetas de alegría. Nunca había sido tan feliz.  



miércoles, 29 de enero de 2014

Call Off The Search



Hace tres años que empecé una búsqueda. ¿O fue hace cuatro? No sé, no lo recuerdo ya...
Pero por aquellas misteriosas razones que empujan a un hombre a hacer tonterías, justo cuando está próximo a cumplir los cuarenta, en vez de mirar hacia adelante, en aquel momento eché una mirada hacia atrás. Pero muy hacia atrás...
En uno de esos caminos inexplorados que un día decidiste abandonar, allí quedó varado un amigo de la infancia. En realidad, el mejor y casi diría único amigo de verdad de mi época de colegio. Entonces tenía once años. Pero la historia comenzó mucho antes.

Artal era mi amigo. Nos conocimos cuando empezamos el colegio, con cinco años y de entrada congeniamos enseguida. Teníamos una cierta complicidad que mucha gente podría decir que se debía al horóscopo. Habíamos nacido con un día de diferencia. Eso sí, por 24 horas, yo era mayor que él. Aunque nunca he creído en la influencia de los astros en las personas, la verdad es que aquellos dos acuarios se llevaban muy bien.

A veces no hace falta tener que esperar a que un niño crezca, para observar quién tiene esa capacidad de liderazgo, que en muchas ocasiones aparece. Y él la tenía.
Era un niño muy inteligente, sincero, excelente estudiante, pero por encima de todo, era capaz de arrastrarnos a todos en la dirección que él nos marcaba. Y no dudábamos en seguir esa senda, porque sin duda era la buena.
Ahora soy capaz de reconocer esa capacidad de liderazgo en algún niño, compañero de mis hijos y no puedo evitar acordarme del Jefe que había en nuestra clase.
Siempre tenía cosas interesantes que contarnos: de sus viajes a la Península en verano, de su Zaragoza natal, también tierra de sus padres y de un río enorme que pasaba por allí, que se llamaba el Ebro y que por eso, por lo que me había contado de él, se convirtió de inmediato en mi río favorito.
Esa admiración que le tenía, se vio aumentada un día en que no recuerdo por qué motivo, me dijo, casi de pasada: "... Porque Carrillo, tú eres mi mejor amigo..." y siguió hablando, pero ya no sé qué siguió diciendo, pero aquellas palabras me llenaron de orgullo al sentirme importante para una persona tan importante.
Aunque debo reconocer que aquella confesión me hizo dejar de verlo como un líder y más como un amigo de igual a igual, nuestra amistad mutua se reforzó y fue creciendo con el tiempo.
En cambio, para los demás, él continuaba siendo el Jefe del patio, el organizador de los recreos. En nuestras batallas de patio de colegio contra los ejércitos de las sucesivas clases de B, C y D, era siempre el comandante de aquellas huestes invencibles y valientes, ya fuesen los combates de espadachines, del séptimo de caballería o de cualquier batallón ambientado en la Segunda Guerra Mundial.
A mí me asignaba casi siempre hacer el papel de médico, que iba curando los soldados, con sólo tocar el hombro a los caídos en el campo de batalla. Los heridos, tras mis mágicos cuidados, se iban incorporando milagrosamente y de forma instantánea, se volvían a unir a la lucha. Por eso era importante que lo fuese haciendo a gran velocidad, para así lograr la superioridad numérica. Ya me lo decía él: "Tu papel en este ejército es el más importante. Por eso tienes que tener cuidado de que no te maten. Por si acaso, yo te cubro..."

Fueron pasando los cursos y un buen día, cuando teníamos que reencontrarnos todos en el comienzo de 5º, mi amigo Artal no apareció.
Nos enteramos que su padre había vuelto a Zaragoza y se había llevado a toda la familia.
Recibí una llamada suya el día de mi cumpleaños, cuatro meses más tarde desde Zaragoza. Creo que fue por Semana Santa que fue a Tenerife, probablemente a recoger cosas, me llamó y fuimos al cine.
Aquella fue la última vez que nos vimos.
Tal vez porque eres muy niño y tienes muchas otras cosas en la cabeza, aquella amistad, a mis once años, se quedó varada en la cuneta del tiempo.
No tuve más amigos en aquel colegio y su marcha me dejó un vacío, pero poco a poco me fui acostumbrando a no verlo más. Y a mi amigo Artal lo olvidé por completo.
A pesar de este olvido, debo decir que cuando siempre llega mi cumpleaños, aún hoy, recuerdo que al día siguiente sería el suyo. Pero salvo esta excepción nunca me había vuelto a preocupar qué habría sido de él.
Nunca, hasta que hace cuatro años fui al cine.

La verdad es que no he sido gran seguidor del cine español, pero de vez en cuando hay que ceder y aquél día claudiqué y me dejé convencer por Lou para ir a ver Mataharis. Era una historia de unas mujeres que trabajaban en una agencia de detectives y cada una de ellas investigaba una historia distinta. Una era infiltrada en una multinacional para ver si un directivo era honesto y engañaba a la empresa, otra se encargaba de averiguar si un marido engañaba a su mujer y otra de ellas tenía el sencillo encargo por parte de un anciano de encontrar a un viejo amor de su juventud.
Esta última historia me hizo recordar de nuevo a mi amigo.
Cuando salimos del cine, le dije a Lou: 
- ¿Alguna vez te he hablado de mi amigo Artal?
Ella me dijo que no, porque toda mi historia había quedado olvidada en mi cabeza. Y se lo conté todo.
Desde aquel día me propuse intentar dar con él. No quería obtener nada, tan sólo necesitaba saber que le vida le había sonreído y que aquel niño que parecía tan brillante había logrado grandes éxitos, que estaba bien y que era feliz.
Así comencé mi búsqueda por la red. Pensé que sería fácil, pero no fue así.
Empecé por donde lo hace todo el mundo: Google.
Pero no había absolutamente nada.
Seguí con el linkedin. El mismo resultado.
Probé con el facebook, pero encontré una persona con su nombre, sin foto y sin datos compartidos. Por si acaso, le pedí ser amigo, pero no llegó a contestar mi solicitud nunca. Probablemente no sabría ni quién era y simplemente me ignoró.
Cansado de buscar y no encontrar nada, dejé esta investigación apartada unos meses, aunque de cuando en cuando la retomaba, pero con los mismos resultados.
Y entonces fue cuando me empecé a preocupar. A lo mejor, a lo largo de todos estos años de ausencia, le había sucedido algo trágico y ya no estaba entre nosotros...

Un día, hurgando por el google, di con una página vieja de la federación aragonesa de fútbol, donde hablaban de una persona con sus mismos apellidos, pero con un nombre diferente. Entonces recordé que él tenía un hermano mayor.
A partir de ese nombre, fui tirando del hilo y encontré un correo de quien suponía que era su hermano. No vacilé ni un momento y me atreví a escribirle.
Me presenté, aún dudando que pudiese ser su hermano y le pedí disculpas por molestarlo.
Al cabo de unas semanas, me respondió. Efectivamente era su hermano. Me recordaba. Le sonaba un tal Carrillo que era amigo de su hermano, de la época del colegio, de aquellos años en que vivían en Tenerife, aunque como era obvio, no se acordaba físicamente de cómo era yo. Me prometió que le hablaría a su hermano de mi búsqueda y me dio su correo electrónico. Pero aquí quedó todo.  No volví a saber nada de él ni de mi amigo, su hermano.

En todo este tiempo me imagino que recibió mi correo. Sin respuesta, le volví a enviar otro, cuando cumplió 40 años, aquel 24 de enero. Tampoco respondió. Pensé que probablemente se preguntara qué era lo que quería después de tanto tiempo... Y esta intriga genera, como es natural, desconfianza.

Pasaron los meses y seguí sin recibir ninguna respuesta. ¿Le habría pasado algo?
Hace poco abrí de nuevo el facebook, como muchas otras veces, le busqué y en esa cuenta inactiva que tiene, que nunca me aceptó como amigo, apareció una foto reciente.
Me quedé hipnotizado mirándola, viendo cómo el tiempo había distorsionado mi recuerdo, como el viento siroco cuando llega a la ciudad. Y recordé aquella famosa cita de Nietzsche: "Cuando miras al abismo, el abismo también te mira a ti..." y me pregunté qué habría pensado él, si es que llegó a ver mi actual rostro.
Sonaba de fondo la música de RadioMel, que no es otra más que mi enorme lista de temas musicales que revientan mi disco duro por todas partes... 
Oí a una cantante llamada Katie Melua, que en un concierto realizado en una escuela de música, fue descubierta por un productor que buscaba una voz joven capaz de cantar blues y jazz y a la que tras escucharla, le hizo inmediatamente un contrato. De su primer album, surgió este "Call Off The Search", que viene a ser algo así como: Doy por terminada la búsqueda...
Y entonces lo comprendí. Esa canción, esa coincidencia, me hizo ver la luz. En esta vida, la perseverancia, la persistencia, la tenacidad, son esenciales para alcanzar nuestras metas anheladas, pero más importante que todo ello, es saber cuándo hay que decir basta. Cuándo no merece la pena continuar el camino y saber apearse, decidiendo no malgastar más esfuerzos por una causa imposible.  Iniciar el camino es duro, abandonarlo sin llegar al final, muchas veces es doloroso.

No he llegado a donde me había propuesto, pero no me marcho con los bolsillos vacíos. Desde que comencé en esta búsqueda, algo he encontrado: Ahora ya sé que está vivo y que está bien. Mi antiguo amigo Artal sabe que le he buscado y sabe cómo dar conmigo. No tengo que insitir más. Aquí estoy, por si quiere que un día nos volvamos a encontrar, nos contemos qué es lo que nos ha pasado a cada uno en nuestras vidas todos estos años y tal vez intentemos recuperar el tiempo perdido.


sábado, 5 de octubre de 2013

Missing You

 
Missing You es la canción de la tristeza. De las más duras despedidas. De cuando quedaba de pie, viendo como tu figura cada vez se iba haciendo más pequeñita, hasta desaparecer. O de cuando era yo el que se iba por la puerta de embarque y hacía esfuerzos por que no me vieses llorar.
Es la canción de los días sin ti, de los besos que ya no tenía, de caricias sin piel. Es la canción de los días que quedaban para volverte a ver. Esos interminables días, que siempre trágicamente eran más largos que los que estabas conmigo.
Volvía sobre mis pasos, yendo por las calles y sus rincones, por donde ya no estabas y no hacía mucho recorríamos juntos. Avanzaba mirando hacia todos lados, como intentando encontrar la complicidad de alguien o de algo, por ver si sólo era yo o también mi ciudad, nuestra ciudad, te echaba de menos.
 
Oía una y otra vez Missing You y no podía evitar pensar en esa frase que se repite a lo largo de toda ella, cuando Chris de Burgh dice:
"Ahora que te he encontrado, nunca dejaré que te marches..."
 

lunes, 16 de septiembre de 2013

Memories Of Green

 
Cuando tenía siete años, por no sé qué motivos, mis padres decidieron apuntarme en clase de solfeo y piano. Allí estuve tres años. Debo decir que aunque soñaba con poder llegar a tocar algún día ese instrumento, me pudo tanto sacrificio, tantas clases en el conservatorio, clases de repaso con profesores particulares y prácticas muy de cuando en cuando, con el pìano de casa de mi abuela Isabel, ya que era el que más cerca tenía. Estaba a 2 km, o lo que es lo mismo, a media hora de casa caminando. Tanto esfuerzo, pensé, no merecía la pena y acabé convenciendo a mis padres para abandonar mis estudios musicales.
 
En mi infancia tomé dos decisiones trascendentes para mi futuro, sólo dos, pero que mis padres aceptaron y de las que nunca he tenido que volver hacia atrás. Una fue dejar el piano y solfeo, la otra, más difícil de entender para un canario, la de no volver a disfrazarme nunca más en unos Carnavales.
De esta última no he tenido ningún arrepentimiento a lo largo de mi vida, pero debo confesar por vez primera, que siempre que veo un piano en algún sitio, esperando que alguien abra su tapa y empiece a tocarlo, siento cierta nostalgia por no poder ser yo quien lo haga.
Cerca de mi casa de Barcelona hay un centro comercial que en su planta de abajo tiene un horrible piano de color rojo, que a lo largo de todo él, pone escrito en grandes letras blancas, para que pueda leerlo todo el mundo: "Si sabes, puedes tocarme..."
Paso junto a él y siempre lo miro de reojo, pensando si algún día podré volver y hacerlo.
 
Tenía un profesor de Ginecología, el Dr. Troyano, que era mi padre científico y con el que hice algún trabajo de investigación. Muchas veces acudía a su casa a reunirnos para algún estudio o para hacerle alguna traducción al inglés de algún artículo suyo. Algunas veces, cuando habíamos acabado el trabajo y se encontraba relajado, se sentaba en el piano y tocaba Misty.  Creo recordar, aunque tal vez el tiempo haya tergiversado mis recuerdos, haberle preguntado si había estudiado piano,  y que me dijo que no, que la aprendió de oído, a base de practicar. Y la verdad es que sonaba muy bien. Desde aquellos días en que le oí tocar Misty, sin querer, pensé que yo podía hacer lo mismo algún día con algun tema sencillo. Y no he dejado de pensarlo desde entonces. Claro que me encantaría poder hacerlo con Rhapsody in Blue, pero seamos realistas. Esta obra maestra de Gershwin está bien lejos de mis posibilidades, aunque a base de oirla ya me la sepa de memoria. 
Soy consciente que ya nunca sabré tocar el piano como mandan los cánones del Conservatorio, pero a pesar de eso, pienso que algún día con tesón y mucha paciencia, seré capaz de al menos tocar alguna pieza de una manera más o menos decente.
Y ya desde hace un tiempo, sé cuál será.
 
En el mismo año que dejé los estudios de piano, aquel niño de once años se quedó deslumbrado con una película fascinante, que llegué incluso a ver, hipnotizado por su belleza, dos veces en la misma semana. Era Blade Runner. En ella, aunque de forma breve, suena un tema de Vangelis, precioso, intimista, que refleja el anhelo de una sociedad futura, sola, deshumanizada y superindustrializada, cubierta por un invierno nuclear permanente, que no les permite casi ver la luz del sol, donde la verde vegetación ya sólo forma parte de los recuerdos. Los recuerdos de lo verde: Memories Of Green.

Escucho Memories Of Green, casi como un reto, aunque no creo que sea muy difícil llegar a poder tocarlo. He encontrado en la red un tutorial. Ahora sólo necesito paciencia y un piano con el que ensayar, o mejor, una clavinova , que es un piano electrónico que simula el tacto de un piano clásico, al que pueden conectarse unos auriculares para no molestar a nadie con los interminables ensayos-error que lleva consigo el aprendizaje.
Pero sólo conozco un clavinova; el de mis primos políticos Inma y Mariano, que seguro estarían dispuestos a dejarme ensayar con él. Lástima que esté a 1000 km de casa. Dos mil veces más lejos de lo que estaba el piano de abuela Isabel, de la mía, cuando iba a su casa a practicar.

Este verano estuve en casa de Inma y Mariano, en Málaga. Aprovechando un momento que me quedé solo y sin que nadie me viera, como un ladrón furtivo, me acerqué al clavinova, levanté la tapa y deslicé mis dedos suavemente por el blanco nácar de sus teclas. Cerré los ojos un segundo y me imaginé tocando Memories Of Green.




domingo, 8 de septiembre de 2013

A Night Like This


 
Si existen las vacaciones es porque sin duda, antes ha habido un interminable, duro y terrible año de trabajo. Sí, ya sé que es una obviedad ¿Y qué? Será porque estoy volviendo de ellas y hoy es mi primer día de vuelta al trabajo y que no se me ocurre nada más original. Tal vez...
En fin, llegados a estas alturas tan deprimentes y depresivas, siempre me consuela pensar que al menos ya me queda menos de un año para volver a disfrutar de nuevo de ellas. Y es que hay que ver siempre el punto positivo de las cosas. O como solía decir de pequeño: "Todo depende del ojo de cristal con que se mire..."
Ahora es cuando comienzo con mi autofustigamiento, observando las fotos que hice en el verano y sobre todo, las que no hice, que me hace ya pensar en las vacaciones del próximo año...

Pero el verano no es sólo época de hacer fotos, de comer como animalitos, de tomar el sol hasta que la hipodermis hierva como la epidermis y se reseque, quedándote la nariz pelada conmo si fuesen escamas de queso parmesano. En absoluto. Se pueden hacer más cosas. Y una de ellas, es aprovechar para descubrir nueva y buena música.

Este verano ha llegado a mis oídos una cantante de jazz de Holanda llamada Caro Emerald. Ha hecho una especie de viaje en el tiempo. Un viaje virtual. Y esto se debe a que sus canciones han sido compuestas a partir de 2010, ya a propósito tienen un preciso estilo años 50.
Detrás de ella hay un equipo de compositores holandeses, que contrataron a un letrista canadiense para los arreglos de los temas.
Todos los detalles de este original proyecto están muy cuidados y salvo por la calidad del sonido, podrían pasar perfectamente por ser temas ya clásicos. Esto sí es el arte llevado al pop y no el pop art de Roy Liechtenstein.
Y si no, sólo hace falta mirar el vídeo de Stuck, que consigue cautivarme con su puesta en escena al más puro estilo retro 50.
Por si esto fuese poco, en That Man, se le brinda sin duda un claro homenaje al diseñador Saul Bass, autor de geniales carteles y los títulos de crédito de películas de loa años 50 como Con la muerte en los talones, El hombre del brazo de oro, o Psicosis.

Caro Emerald sólo ha editado un álbum, tal y como diría mi padre, "de momento..." y que de principio a fin me ha parecido una delicia.
Mi amigo Javier Tapia me hizo descubrirla con la canción A Night Like This, que a pesar de su ritmo pegadizo, y ser la menos jazzística del álbum, conserva ese bouquet a Riviera francesa, nos hace imaginarnos con una copa de Martini, transporándonosa hasta la Côte d'azur de los años 50.
En este vídeo se presenta una de las eternas disyuntivas del ser humano. Y más cuando eres joven y estás en pleno verano. Con cuál quedarte, con la rubia o la morena.
A mi recuerdo viene la historia de una pareja. Dos hermanos, una noche de marcha, probablemente en una noche de verano, ven a dos guapas chicas a las que deciden abordar. La duda que tienen la resuelven de la manera más romántica posible. Uno le dice al otro:
- La de la izquierda para mí y la de la derecha para ti... Hasta la fecha.

En A Night Like This, un fotógrafo está con una preciosa modelo morena y en su ángulo de visión aparece una no menos guapa chica rubia, que le hace dudar qué decisión tomar.
Si a mí me tocara elegir en esta historia ficticia, lo tendría bien claro. Entre la morena y la rubia, sin dudarlo, me quedaba con Caro Emerald.

 

martes, 25 de junio de 2013

Kodachrome


Hubo una época en la que para hacer fotos tenías que tener mucha paciencia.
No hace mucho de esto. Todavía no lo he olvidado por completo. 
Había que comprar unos carretes de película que se metían con cierta habilidad en la parte de atrás de la cámara. ¿Que qué es un carrete?
Bueno, no sé... Como un cilindro metálico que tenía dentro una cinta sin fín. Bueno, sin fin, no... Podías hacer hasta 36 fotos con cada carrete.
Ibas haciendo fotos y te imaginabas cómo iban a quedar, porque no se podía ver en ninguna pantalla lo que habías fotografiado. Cuando llegabas al final, tenías que esperar a estar en algún sitio oscuro, porque el maldito carrete se velaba si le tocaba la luz. ¿Qué es velarse? Pues velarse el carrete era de las cosas más frustrantes que te podían pasar. Perdías todo lo que pacientemente habías estado fotografiando. Todo a la basura.
 
Pero suponiendo que no se hubiera producido ningún accidente, cogías tu carrete y te ibas a un lugar llamado laboratorio donde te revelaban el rollo. Después de unos días, y pagando, claro está, te daban en un sobre tus fotos milagrosamente transferidas en papel. Era como un regalo de cumpleaños el coger aquel sobre e ir pasando una a una cada cartulinilla.
 
Yo nací con el color, porque a principios de los 70 ya pocas fotos se continuaban haciendo en blanco y negro. De niño pensaba que cuando mis abuelos eran jóvenes, la vida era en blanco y negro. ¿Acaso alguien ha visto alguna película de los años 20 ó 30 en color? No me imagino a Charlot en colores. Harold Lloyd colgaba de aquel reloj en la fachada del edificio en blanco y negro. El cine negro era negro, por supuesto. Todo esto era lógico; el mundo era en blanco y negro y de forma paulatina fue cambiando a los colores tan bonitos que podemos ver ahora.
 
Hace poco que supe cuándo fue este cambio. Fue en 1935. Dos músicos metidos a científicos, llamados Leopold Mannes y Leopold Godowsky Jr., tras salir de una decepcionante película en un primitivo color en 1916, se pusieron a investigar, para conseguir una película de color de calidad. Su invento fue comercializado con el nombre de Kodachrome, primero para cine y posteriormente para la fotografía, tanto de aficionados como de profesionales. Dicen que es la película que más fielmente reproduce los colores y que si se almacena con unas determinadas condiciones, no se desnaturaliza y persiste durante cien años.
Kodachrome se comercializó durante 74 años y llegó a ser la película más vendida de todo el mundo en el siglo XX.
 
Cuando nos conocimos, yo vivía una etapa oscura de mi vida, desenfocada y con más sombras que luces. Kodachrome estaba muriendo, siendo desplazada por el mundo digital que lo acabaría invadiendo todo.
Nuestra primera cámara fue por supuesto digital y la segunda y la tercera... Ya no tuvimos que comprar más rollos, ni revelar más fotos.
Ya las cosas no volverían a ser iguales.
Aunque a veces podamos pensar que somos muy distintos, que uno ama muchas cosas que al otro no le hace ni una pequeña cosquilla, o al revés, la verdad es que tenemos muchas pasiones comunes. Alguna de ellas es Paul Simon, que con sus maravillosas canciones, como Kodachrome, me hacen recordar cada vez que la oigo, que cuando Lou llegó a mi vida, mi mundo tan triste y tan oscuro se llenó para siempre de color.




lunes, 31 de diciembre de 2012

A Change Is Gonna Come

 
 
Si hay algo que he acabado odiando, es la palabra crisis. Te persigue por todas partes, vayas por donde vayas. Te oprime, te deprime y te comprime el alma. Subyuga a la desesperanza, al túnel de las grandes dificultades, que nos arrastra y parecen no terminar nunca.
¿A quién le apetece ver las noticias? Parece que hay una conjunción planetaria, un lustro horribilis que no nos deja en paz. Miro las calles y veo carteles de SE VENDE por todas partes. Me hace sentir que este país está entero a la venta, o quizás es como el decorado de un teatro, al que se le han acabado las funciones y va desmontando su escenario de cartón piedra.
 
Crisis significa crisis, y aunque a nadie se le escapa lo que es, etimológicamente quiere decir separar, decidir, pero también elección, juicio, análisis y criterio.
Para los chinos, la palabra crisis se forma de dos partes: peligro y oportunidad.
El peligro ya sabemos lo que es. Las oportunidades aún están por descubrir. Pero no se debe perder la esperanza.
Las cosas no volverán a ser iguales, seguro, pero no por eso tendrán que ser peores. Esta poda nos hará más fuertes y creceremos más robustos en todos los aspectos.
 
Dicen que el año que ahora empieza va a ser malo. Pero yo me rebelo ante tanto pesimismo. Será mejor. Y los cambios que nos esperan nos harán remontar el vuelo de nuevo. No quiero empezar un año nuevo con miedo, con incertidumbres. Quiero hacerlo con la sonrisa nerviosa del niño que entra en el salón a ver qué le han dejado los Reyes, sabiendo que mucho o poco, todo lo que encuentre, siempre va a ser bueno.
 
Un poeta llamado Bob Dylan, que de vez en cuando hacía sus pinitos como cantante, con juvenil ingenuidad, hablaba de que los tiempos estaban cambiando en aquel lejano 1964.
Sam Cooke hace ya muchos años y por otras circunstancias, en una época difícil, en una preciosa canción, nos cantaba que había nacido en una pequeña cabaña junto al río. Aunque había corrido mucho en su vida, como aquel mismo río, seguía siendo pobre como cuando nació. Los demás le recordaban que no olvidase que era un ciudadano de segunda, pero a pesar de todo el tiempo que había pasado, de lo difícil que era vivir, no quería morir; no perdía la esperanza, porque estaba convencido de que el cambio iba a llegar.
 
Feliz 2013 a todos, porque seguro, seguro, que lo va a ser.
  
 

viernes, 28 de septiembre de 2012

Secret


Un secreto es por principio, un regalo que generosamente te dan. Con una extrema delicadeza, quien te lo cuenta, te obsequia con su confianza. Te conviertes en una persona importante para ella, al depositar en ti el saber su secreto. Desde ese momento entre los dos, se establece un nexo común, como la intersección de dos conjuntos, donde el misterio es compartido. Esa persona espera de ti que no vas a fallar y que te convertirás en una prolongación de ella misma.
 
Este verano mi hija Tiri me recomendó esta intrigante canción, que es interpretada por uno de sus grupos favoritos, Maroon 5. Secret está incluida en su primer album, llamado Songs About Jane, (Canciones sobre Jane), en homenaje a Jane Herman, que era entonces novia de Adam Levine, el vocalista.

Hace unos días hablamos  y le conté que había oído Secret y que me había gustado mucho. Que me recordaba mucho a Sade. Ella no la conocía, así que la recomendación musical esta vez tomó un camino inverso.
La próxima vez que hablemos, tengo que acordarme de preguntarle si por fin ya la ha descubierto y qué le parece. Seguro que le encanta. Y en voz baja, para que nadie nos pueda escuchar, hablaremos también de nuestro secreto de nuevo y le diré que no se preocupe, que sigue estando seguro, que no se lo pienso contar a nadie.


jueves, 26 de julio de 2012

Imagine


¿Quién está preparado para los momentos tristes, por mucho que sepas que tarde o temprano van a llegar? ¿Qué pensar para alegrarte o incluso qué decir a quien quieres para secar sus lágrimas o atenuar su dolor? No sé bien qué responder a cada una de estas preguntas, pero ya desde hace un tiempo estoy firmemente convencido que de las cosas malas, de cada una de ellas, siempre se aprende alguna lección.

Arantxa se ha ido y todos sabíamos que se iba a ir. Lo sabía hasta ella. Me lo dijo la última vez que pudimos hablar. Pero a pesar de todo, creo que se ha ido feliz.
Sí, es muy joven, creo con total seguridad que ha sido una persona muy afortunada. Ha tenido la suerte de tener dos cosas. Sólo dos, pero aunque parecen pocas, son bastantes más de las que mucha gente puede llegar a tener.

La primera fue la vida. Su vida le dio la oportunidad de tener otra vida y además de disfrutarla y vivirla con intensidad. Hizo lo que nadie hace. Pensar en cómo eres, mirar dentro de ti, cambiar lo que no te gusta y apreciar cada uno de los ínfimos pero maravillosos detalles que te ofrece el mundo cada mañana. Su segundo cumpleaños fue el amanecer de una nueva Arantxa. Se convirtió en la Arantxa que yo conocí. Simpática, alegre, luchadora, valiente, cariñosa, bromista y con ese punto de ironía que siempre ha sido para mí una muestra de gran inteligencia.

La segunda, Arantxa, déjame decirte que por lo menos un poquito, la comparto contigo: Es tu familia.
El día que te fuiste pensé en ti y en tu familia, en mi familia. Y como tú hiciste un día, yo también descubrí la suerte, la inmensa fortuna que tengo, que has tenido, de tener esta familia.
No hubo ni una sola de esas noches llenas de miedos, ni un sólo día, de tus interminables días en el hospital, que no hubiese alguien a tu lado, acariciándote las manos, poniéndote crema, haciéndote esos masajes que tanto te gustaban.  Siempre ha habido alguien que te susurrase al oído, cuando ya no nos podías oir, diciéndote con cariño que te ibas a poner buena, prometiéndote que tendrías otro cumpleaños más, el tercero. Queríamos volver a oir tus risas y a iluminarnos con esos preciosos ojos claros.

Pero te has ido. Y aquí hemos quedado los demás, sin entender tantas cosas. Ya te decía que uno no está preparado nunca para los momentos tristes. Tenemos un sentimiento agridulce, menos dulce que agrio, pero con la alegría de haber vivido todo este tiempo contigo y de ahora sentir que todos los momentos tristes, y los buenos y tú, hacen que cada vez estamos más juntos. 
No estás, pero estás más que nunca. Pero por encima de todo hay un poso que nos dejas. Un regalo para siempre, y eso es lo que nos ayuda y anima: la felicidad de tu recuerdo.


miércoles, 11 de julio de 2012

The One and Only


Hay mucha gente que dice que canta en la ducha.  Puede ser, aunque sólo lo he visto en las películas. No he conocido nunca a nadie que lo hiciese. (Creo). Que me perdone alguien si lo hace y no me acuerdo de él. Lo más parecido era uno, cuyo nombre no mencionaré por respeto, que se llevaba la guitarra cuando iba al retrete. Pero bueno, viéndolo de esta manera, lo de cantar en el baño, podría darlo por válido.

Hay gente que canta y silba a todas horas, o cuando trabajan, o si tienen el destornillador en la mano. Incluso hay gente que le cantan los pies. Ni lo primero, ni lo segundo y por supuesto, ni lo tercero, es mi caso.
Puestos a elegir, yo también tengo mi sitio y ése es mi coche.
A mí siempre eso de cantar en público, aunque el público sea una sola persona, me ha dado un poco de vergüenza y por tanto me he prodigado poco, pero desde hace un tiempo he decidido lanzarme al ruedo.

Pero mis dotes de canto no las empleo con cualquier canción que aleatoriamente decida reproducir mi Ipod caprichosamente, no, no... Un cantante como yo tiene su repertorio... y sus registros.
Aunque llevo años intentando poder cantar alguna canción de Phil Collins, su tono es tan agudo que por mucho que lo intento, no soy capaz de llegar con un mínimo de decencia. La excepción es Easy Lover, que por primera vez canté (o cantuve, porque si es anduve, pues eso...), como decía, el estreno fue hace ya muchos años con mi amigo Remy, a quien le mando un saludo desde estas líneas que no lee nadie. Sigo interesado en repetir aquel dúo, por lo que todavía estoy necesitando compañero para este karaoke. Si alguien se apunta, yo puedo hacer de Phillip Bailey o de Phil Collins. Dejo escoger.

Mientras espero que aparezca el cantante que me haga el contrapunto, voy afinando la técnica con otras canciones. Eso sí, teniendo mucho cuidado que no me suceda lo que le pasó a mi amiga la Dra. Jomeini, que una cosa es lanzarse a hacerlo a todo pulmón y otra bien distinta, es provocar un escándalo público.

Hay muchas canciones que no puedo evitar cantar a todo lo que dan mis cuerdas vocales, como es ese famoso tema de Chesney Hawkes. ¿Que quién es Chesney Hawkes? Chesney Hawkes es hijo de otro cantante de bastante más éxito que él, Len Hawkes, músico de la banda británica de los 60, The Tremeloes.
Porque el pobre de Chesney Hawkes, a pesar de haber sido apadrinado por una estrella de los 80 como fue Nik Kershaw, es uno de esos ejemplos que los británicos llaman one hit wonder, o sea, un cantante de un solo éxito. Alguien que toca la fama y se la arrebatan de inmediato. Vamos, un desgraciado.
Y encima, en el caso de Chesney Hawkes, esa canción compuesta para él por Nik Kershaw, se llamaba The One and Only (El primero y el único). Curiosa coincidencia.

De momento, porque nuestra economía no nos lo permite, pero como dice mi padre, ¡de momento!, mi escenario de actuaciones es el interior de mi monovolumen o fregoneta familiar, cerrada a cal y canto y con los cristales bien subidos. Aunque el otro día, arropado por unos cuantos amigos y otros tantos gin-tonics, me subí a una tarima a cantar y a profanar el eterno descanso de Freddie Mercury, mis aspiraciones son lograr poseer un auditorio de actuaciones, más propio de un artista de clase, como yo y nada más adecuado, como puede ser un New Beetle Cabrio. El techo serán entonces el cielo y las estrellas y así todo el mundo podrá oir claramente, cómo canto a pleno berrido, I am the one and only...


 
Chesney Hawkes - "The One And Only" (1991) por walteralcostan

miércoles, 4 de julio de 2012

Falling in Love


A medida que pasan los años, tienes más vida detrás de ti para poder mirar hacia dónde te ha llevado tu existencia. No dudo que ha habido gente que quisiste mucho y que en cambio a ti te tuvo sólo cariño. Huesos por los que estuviste loco y que jamás apreciaron tu dedicada demencia. Pero seguro que también hubo quien suspiró por ti, que soñó contigo y tú en cambio, ignoraste todas aquellas señales, o tal vez no te tomaste la molestia de averiguarlo nunca. El amor es así. Una vía de tren en dos direcciones, que no siempre coinciden.

Hoy me han contado la triste noticia de una historia de amor, de una pareja que conocemos bien, que se ha roto. Estamos consternados, porque a los dos los queremos mucho y es duro descubrir que el amor se ha ido, dejando unos posos muy tristes y desagradables.
Aquel amor, que ahora ya no existe, comenzó hace mucho tiempo, casi cuando conocí a un tipo llamado Randy Newman.

Randy Newman, a pesar de su escasa notoriedad entre nosotros, ha sido y continúa siendo toda una institución en su país, como compositor de bandas sonoras, cantautor de letras irónicas y mordaces o como un excelente pianista. Sus canciones han sido interpretadas por artistas como Ray Charles, Tom Jones, The Everly Brothers, Etta James, o la ELO. Poca gente sabe que ese famoso tema de Joe Cocker, en realidad es obra de Randy Newman.  Aquí lo cuenta el propio Randy.
Estos últimos años, tal vez ha logrado que lo conozcamos un poco más, a raíz de algunas famosas bandas sonoras que ha compuesto, como la de Monsters S.A. o la saga de Toy Story.

Cuando Randy Newman apareció en mi vida, fue con una canción llamada Falling in Love. Formaba parte de un álbum titulado Land of Dreams, donde iba contando tema a tema, su infancia y adolescencia en New Orleans, que tanta influencia ha tenido en su música.

Hay una primera vez en tu vida en la que notas como una sensación de vértigo dentro de ti. Una felicidad tonta que te impide dejar de estar sonriendo a todas horas. Lo llevas escrito en la frente y aunque quisieras apartarlo de tu mente, piensas que todo el mundo al verte también lo sabe. No quieres que nadie se dé cuenta, pero a pesar de eso, no te importa que el mundo entero lo descubra. Cuando me sucedió, me acordé del bueno de Randy Newman, que había conocido tantos años atrás.

La letra y la música de Falling in Love, tan pegadiza, describen perfectamente ese maravilloso estado de ingravidez, esa pesadez de párpados y brazos, el estómago girado del revés, el rubor facial, el temblor y la taquicardia desbocada. Puede que camines torpemente, incluso que tropieces por tener la mente tan ocupada, disfrutando de una inmensa felicidad que te sale a borbotones por todos los poros y que apenas puedes disimular. Quizás - como dice Randy Newman - es que te has enamorado.

Ahora es un momento triste. Pero seguro que habrá un nuevo amanecer y con la nueva vida que les espera, un día volverán a descubrir que se han enamorado otra vez.


miércoles, 4 de abril de 2012

Ella Elle L'a


Sé muy pocas cosas de Francia. Mejor dicho: sé muy poco de francés.  Y no es por falta de ganas, de verdad. Simplemente es por el hecho de escoger.
Alguien muy especial me dijo un día: Mel, en esta vida no se puede tener todo. Y el paso del tiempo no ha hecho otra cosa más que darle la razón. No sé francés, eso es una realidad, pero a cambio soy médico.
Pero, ¿qué tiene que ver una cosa con la otra? Es sencillo. Cuando entré en bachillerato, mi idea era matricularme en francés, idioma que me atraía muchísimo y así completar el conocimiento que ya tenía sobre el inglés. Pero tras consultar con la catedrática de francés del Instituto, me dijo que si quería estudiar Medicina, y para ello me pedirían una buena nota de acceso, mejor no me matriculaba en francés, porque jamás podría pasar de notable. Así que animado por este consejo, dejé este idioma aparcado en la cuneta y cerré una puerta.

Pero ¿qué hubiera pasado si hubiese estudiado francés?
No lo sé. Lo que sí es cierto es que mi vida hubiera sido otra.
A veces pienso en esos caminos que no tomamos y en qué habría sido de mí en esa vida paralela, que nunca escogí y que por tanto, jamás viví.
Tal vez no hubiese sido médico, a lo mejor sí, pero lo que no habría cambiado en mi, es el interés por la música.
Imaginando esa ficticia vida paralela, puede que incluso en aquel guateque de adolescente, hubiera bailado con aquella niña, pero en vez de Bridge over troubled waters, habría sido Tous les garçons et les filles de François Hardy y como entendería la letra, se la podría cantar al oído.
Esta ficticia vida paralela, hubiera hecho que mis sueños eróticos de juventud, no tuviesen a Patsy Kensit, sino a una guapa francesa llamada Alizée.
Por otro lado, los desamores no habrían sido nunca acompañados por One more night, sino por Jacques Brel, cantando la más bella y triste canción de amor/desamor, que se ha escrito nunca.

Pero mis universos paralelos, el inglés y el misterioso francés, se acabarían uniendo aquel verano antes de entrar en la universidad.
En una fiesta que organizó una compañera de clase del Instituto, en aquella época en la que la música estaba inmersa en unos discos de vinilo negro, descubrí una canción en francés que me cautivó.
Si no hubiese hecho caso aquel consejo y hubiese tomado el camino francés, para mí no habría sido ningún descubrimiento France Gall. Aquella niña de 17 años, que ganó el festival de Eurovisión, para asombro de su mánager, que tras su actuación le reprochó el haber desafinado y haber estropeado la canción.

El nexo común entre lo que fui y lo que podía haber sido, es France Galle y su Ella elle l'a. Impresionado por la fuerza de esta música (porque como es obvio, no entendía la letra), le pregunté a alguien que supiera francés, acerca de lo que significaba su título. Así me contaron, que Ella, ella lo tiene, era un homenaje a la extraordinaria cantante de jazz Ella Fitzgerald, que para mi vergüenza, aún no conocía.
Aunque el estilo de Ella elle l'a nada tiene que ver con el de la homenajeada, la canción de France Gall está en mi lista de temas favoritos, porque gracias a ella, de su mano me trajo el mejor descubrimiento musical de mi vida: la voz celestial de Ella Fitzgerald. Pero por si esto fuera poco, Ella elle l'a es además especial, porque me recuerda todos los caminos que dejé por recorrer y la incertidumbre de pensar si al final acerté y escogí los cruces correctos. Como me han dicho tantas y tantas veces, En esta vida no se puede tener todo. Tal vez sea cierto, pero gracias a France Galle y su Ella elle l'a, casi podría decir que lo he conseguido.